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sábado, 27 de abril de 2013

Pinceladas: 40 días versus 1 minuto.

Texto: 1º Samuel 17

Tres metros de hombre de hierro, se plantó delante del ejército de Israel y lo desafió a luchar contra él. No ejército contra ejército, sino hombre contra hombre... ¿Inusual?, no lo sé, pero no sólo una servidumbre estaba en juego.  
Lo cierto, es que aquella mole traía aterrorizados a hombres hechos y derechos, hombres de guerra, hombres valientes, experimentados en batallas, armados y adiestrados para pelear y ganar.... nunca habían sentido ese terror, hasta el mismo rey Saúl tenía la sensación de tener los días contados como rey.
40 días tuvieron el desafío de este Goliat retumbándoles en los oídos. Escuchaban sus gritos una vez a la mañana, y otra por la tarde...pero durante 40 días, fue el tema de conversación  a todas horas dentro del campamento. En los comedores, en palacio, en las calles, y hasta en pesadillas...
40 días con el nudo en la garganta, sopesando probabilidades, aplazando decisiones, y sintiéndose a sí mismos cada minuto más pequeños y frágiles.
¿Ese problema de tres metros sería más grande que un ejército que había visto a Dios hacer prodigios y señales?   

Pero llega un rubiales al campamento a dar comida a sus hermanos en mal momento... o en buen momento, qué sé yo! ...David llega al sitio en cuestión, y oye los gritos de un "armario engreído" que reta al ejército del Dios viviente, y no da crédito a sus ojos... 
... David pregunta: "¿qué dice que le van a dar al que gane?... oh, venga ya!... no puede ser!
De qué va este personaje, desafiando al ejército de Dios?"
40 días de temor de un ejército versus 1 minuto de indignación de un pequeño hombre de Dios.

Me paro a pensar, en los días, o años, que llevo arrastrando los desafíos del Enemigo en batallas de por vida, que no arranco a batallar. Y comienzo despertando en la mañana 38, con mi inseguridad acomulada de 37 años de ayer, escuchando los gritos del Enemigo, y me acuesto por la noche olvidando que Dios estaba de mi lado y que podía haberlo enfrentado y vencido.

 Hoy no salimos al campo de batalla, con espada y escudo, ni con pistolas o bombas sofisticadas... hoy no vamos cortando cabezas por doquier y despejando nuestro camino... no literalmente. Pero nos dejamos la vida en otra clase de batallas y somos alcanzados y debilitados por balas espirituales, que hieren, infectan, descalifican y acaban matando. 

No, no tiene lógica humana, porque estamos librando otra clase de batallas, estas batallas son espirituales y sólo se pelean con armas espirituales, nada más!
"Pues aunque andamos en la carne, no luchamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia, no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas" (2ª Cor. 10:3-4)


Es lógico que David tardara un minuto en que le hirviera la sangre... porque, ellos, como soldados, se enfrentaron a enemigos que negociaban; pero los enemigos del pastor acechan, matan y arrebatan... no avisan de que van a atacar, y no tienes tiempo para sentarte a planear la batalla, solo hay tiempo para actuar...David tenía enemigos físicos, sí, leones, osos... pero cuando Dios los utiliza como entrenamiento para planes eternos, entonces adquieren un carácter espiritual... los leones no negocian, no se si me explico!
Este chico no tenía más que una fe ciega en Dios, y una dependencia abrumadora de la Presencia de Dios para hacerlo TODO.

 A "hombre de Dios" le sumó ser "pastor", y a pastor le sumó también ser "guerrero". (Y más tarde se sumó el de "rey")... No se puso límites, y por eso creció. Bueno, no sé qué fue primero, si el huevo o la gallina... pero ser un hombre de Dios te abre puertas humanas y también del cielo.. y eso fue lo que le pasó a David. No necesitó 40 días. Sabía que Dios podía vencer a Goliat, y sabía que con él estaba Dios... eso fue todo, y eso lo cambió todo.

Y ahora, qué hay de mí?   ....

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