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jueves, 8 de junio de 2017

Promesas

Encontré la vida, encontré el acierto, encontré el motivo, y la paz, y el sentido, y sé qué he encontrado cosas que aún no he descubierto. Encontré el por qué de lo vivido, la respuesta a muchas preguntas, y las preguntas a mis respuestas. Pero encajaron, se fusionaron, y en lugar de traer caos y miedo, por loco y duro que parecía, todo tenía su sitio, su propósito y paz del Cielo. Encontré, o más bien fui encontrada, porque aunque fui yo quien primero crucé fronteras, es bien cierto que yo no me enteré de nada. Encontré en ti una manera de ver la vida, de creer, de entender, de aprender, y me costó asimilar que me pasara algo, por fin, tan… realmente bueno. Pero luché por creer en las promesas de Dios, y tengo que confesar, que al final, vi sólo por gracia, porque no me quedaban ya fuerzas.

Me he tenido que comer mis palabras, todas… todas las que pronuncié en mi llanto y con el puño al Cielo, pensando que Dios me había abandonado. Y sin merecerlo, Dios trae al presente todo lo que pedí, todo lo que soñé, todo lo que necesitaba, pero mejorado. Te deseé desde que era niña, así que valoro el trato de Dios conmigo. Y sé quién eres.
Por eso, decido ser “carne de tu carne y hueso de tus huesos”, tan parte de ti que no pueda renunciar o separarme de ti, como tú mismo no puedes hacerlo. Decido ser tu ayuda idónea para completarte y completarme. Decido ser tu esposa y madre de tus hijos y madre de mis hijos.

Prometo guardar tu corazón, prometo no dar lugar a que creas o que sientas que no tienes parte conmigo. Te amo, te respeto, te admiro, y decido mantener eso activo y vivo. Porque creo firmemente que cuando una mujer admira al hombre lo respeta sin esfuerzos.
Prometo dedicarte tiempo, escuchar a Dios juntos, enfocarme en Sus revelaciones, extender mis estacas cuando lo marque el tiempo, y no hacer raíces donde ya no hay propósito. Decido entender Sus tiempos, y no demorarme en Sus procesos. Seguirte donde Dios nos lleve, y amarte más allá de las palabras. 


Decido, que aunque el camino sea duro, voy a luchar por no dañarte, por proteger tu corazón, y buscar soluciones contigo. Decido que el perdón esté tan presente como el amor, y el amor cubra multitud de faltas. Decido y prometo mantener lo que me has enseñado en este tiempo, y lo que hemos recibido de parte de Dios juntos. Es un regalo, un terreno desconocido en el pasado, y que protegeré en el camino que nos resta.

Y a parte de promesas e historia, también tengo un GRACIAS.
Gracias por haber corrido hacia mí, cuando nadie habría apostado. Siempre me pregunté quién daría una triste vaca por un gusano. Pero gracias, porque recibiste y obedeciste. Y en ese acuerdo de Dios y tú, me has dignificado, me has valorado, has traído sanidad de Dios para mi alma, visión, Espíritu, Palabra, y con tu trato, y con tu abrazo, has juntado todos mis pedazos rotos y hoy TENGO VIDA.  
NADIE sabe lo que siento cuando te miro, porque valoro la historia.


Hoy, Sí….  sí, sí, mil veces sí. Y mañana, es trabajo, es empeño, es aventura y fe en lo que Dios ha preparado. Creo en esto, porque ya he visto a Dios obrar y hablar. Y prometo hacer de nuestra casa, un hogar, dulce hogar.       

Te amo, como locura...



Eunice Vidal.

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