domingo, 15 de noviembre de 2015

Ese Jesús tan poco esperado...

Faltan 20 días para que él venga, y os aseguro que estoy contando los días como si eso fuera mi todo. Esa cuenta atrás encierra preparativos, trámites, cambios en mi persona, en mi entorno, planes, sueños, regalos, visitas, y un largo etc,  No veo el momento en que esto suceda. Y no hay forma de que esto tenga un descanso en mi mente. Ilusionada no es la palabra, es que no existe una palabra que describa lo que estoy viviendo estos meses, mucho menos esta recta final.
 Tengo por sentado que esto es el comienzo de una larga vida; el principio de una historia en persona y no en distancia, y he puesto todas mis expectativas en esta gran inversión de vida. Aquí todo comienza, y me muero de ganas de que el cumplimiento de su promesa se cumpla, y le vea venir. 


Y en medio de este gran acontecimiento en mi vida, y digo gran, porque es de tamaño XXL , me he puesto a pensar en ese concepto equivocado que tenemos de otra venida que está por acontecer. La de Jesús, como prometió, y que todos los acontecimientos mundiales, naturales, y sobrenaturales están poniendo al mundo en sobre aviso..
Me refiero a ese concepto de que "Jesús viene, ahí se acaba todo". Y decimos:- "NOO, ahora noo, que estoy a punto de tener un bebé, Noo, ahora no, que aun quiero casarme. Noo, aun no, quiero acabar mi carrera y tener exito, viendo el resultado de todos estos años de esfuerzo"    Noooo,-  y ponemos mil excusas razonables, porque parece que la venida de Jesús nos rompe el esquema, y con ello se acaba todo.
Y en realidad nos olvidamos de que CUANDO JESÚS VUELVA, REALMENTE EMPIEZA TODO, y todo lo mejor por tiempo indefinido.

Nadie está esperando a Jesús como la novia ansía a su amado. Nadie está contando los días, cuidando su línea, preparando su entorno, hablando a otros de lo que ella siente, de lo maravilloso que es Él. Nadie.  
Nadie estamos soñando con esa vida juntos, ni "comprando" regalos para mostrar su amor, ni estamos alerta a sus mensajes, o simplemente proveiéndonos de aceite suficiente.  
Él ha dicho que viene, y vendrá.  No sé cuántos días quedan, pero quisiera vivir como si quedasen 20 días para abrazarle y marchar con él.

¿Qué es lo que mide esta actitud pasiva e indiferente?, ¿Se agotó el enamoramiento, y solo queda un amor rutinario? ¿Tal vez fue la tardanza que superó a la paciencia? ¿O simplemente la doblez trajo una confusión excesiva seduciéndonos sin titubeos?
No sé qué es lo que hace que se esté ahogando lentamente el anhelo de esperar al Amado, pero cuando Él venga, nos hallará sin resolver nuestra desidia, y enredados en nuestras rutinas ... sencillamente, cerrará la puerta tras nuestras excusas. 
Nos urge reaccionar a Su venida inminente. Nos urge volver al primer amor, y dejar de decir "Maranata" sólo cuando el dolor aprieta o la masacre es la imagen permanente en el telediario. 
Nos urge comprar aceite, componerle canciones, vocear desde las azoteas, lavar nuestros vestidos, blanquearlos, plancharlos, y acostarnos soñando con nuestro tan deseado Amor.  
20 días, la pregunta que hoy me lanzo a mí misma, es: ¿Estarías dispuesta a mantener tu amor encendido por Jesús 20 años más, como si fuesen 20 días.?

"Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor."     (Apc. 2:4)

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