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lunes, 9 de febrero de 2015

No procuro saber ni el día, ni la hora, sólo permíteme conocer la gloria y el calor de Tu presencia en mi vida hoy.

Y cuando vengas, mi deseo es que que me hallen en Ti, y Tú en mí... Saber que cuando al fin pueda verte cara a cara, voy a conocerte tal y como me conoces Tú...  eso, me estremece. 

No presto ni el aceite, ni la lámpara, aunque ya esté a punto de amanecer, y despierten las incertidumbres en esta soledad avanzada. Jesús, Tú has dicho que vendrías. Y yo, estoy lista!



"Entonces el reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas. Las insensatas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite; mas las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas. Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron.
Y a la medianoche se oyó un clamor: !!Aquí viene el esposo; salid a recibirle! Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y arreglaron sus lámparas.  Y las insensatas dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. Mas las prudentes respondieron diciendo: Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas. Pero mientras ellas iban a comprar, vino el esposo; y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas; y se cerró la puerta. Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: !!Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco. Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir." (Mateo 25:1-13)

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