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viernes, 19 de diciembre de 2014

Cuatro décadas: "Y es que, al caer la noche sobre ella, parece tal cristal" ...


"Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó." (Eclesiastés 3:15)

Brillaba como si fuera a desprenderse de sí misma, impregnando en el ambiente toda su esencia. Desnudaba el alma en cada palabra, irradiando esperanza y sencillez... A veces corría riesgos, a veces se aliaba al silencio... Nunca reparó en el miedo, no lo sentía, o no se sentía en el marco de poder temer a algo; se sentía cubierta, y quizás fuera por eso que nunca se planteara la posibilidad de ser expuesta al caos... Pero los días le mostraron su cara más oscura, y entonces llegó el miedo, y lo ocultó en su interior, como si fuera a romperse al mostrar su vulnerabilidad.

Tanta ternura era incomprensible que cupiera en algo tan pequeño y frágil; pero allí estaba, irradiando luz, con su pelo rubio, derrochando movimiento, contagiando sonrisas. Iba creciendo a espaldas de todos, solitaria en un camino transitado y rodeada de un mundo adulto y ocupado, la mayoría del tiempo arrastrando su alexitímia, ante el servicio de todos.
Afrontando las inclemencias de cada estación de la vida, permitía que el sol la tocara, que el frío la envejeciera y los diversos colores del alba la vistiera por dentro y por fuera. No sé de quién aprendió, ni cómo aprendió, pero creció sin darse cuenta, anhelando acostarse niña y despertar adulta ...ser vista, oída, atendida. 

Ella mostraba la inocencia de sus años y los años le mostraban su cara más amarga.
Aun así, ella sonreía, y miraba al cielo, permitiendo que las ráfagas de viento enriqueciera su esperanza. Era frágil, muy frágil, aunque todos la tratarán como si pudiera aguantarlo todo, y sin embargo, ella se hizo fuerte, a fuerza de tanto creerlo. Repleta de coraje asumía sus días, perpleja por las cosas que embellecía  a su paso la historia poca relevante de su vida. Eran tantas y tan curiosas, que había canción en ella, componía miles de melodías, tantas que apenas le alcanzaba el tiempo para escribirlas... Muchas  salieron a la luz, demasiadas quedaron en el cuarto oscuro, y otras tan solo en el tintero... Tenía motivos, tenía razones, y las aprovechaba...

Y de pronto decidió ser mayor, y no lo era. Y ella misma comenzó a sentir que la tierra no era apropiada, que se nutría  y adquiría alimento, pero se moría por dentro. Es de cristal y no de piedra, aunque la vida le había sido truncada, porque poseía tanta alma y sentimiento, y tanto amor sin usar, que decidió no ser insensible y dura, sino exclusiva y transparente. Con los años, se acomodó al dolor, aunque él nunca hizo tregua... Y exprimía su fe en busca del cumplimiento de alguna promesa... En vano edificaba, pero eso solo lo supo muchos años después.
Los años le hicieron perder su canción, ya solo escribía... Y se refugió en ello, porque brotaba esa imperiosa necesidad de desahogo ... Nunca más volvió a componer...

Mientras, anhelaba ser una superviviente con un final feliz, pero en realidad solo era una princesa que podía dormir con chinchetas y amanecer con la fuerza necesaria para afrontar cada embestida. Nunca había un final, vivía un eterno proceso inacabable. Vivía su protesta, porque la hiel era amarga, y no le endulzaba un dulce. Mientras el tiempo le había convertido en una cajita repleta de contradicciones y esfuerzos estériles... que se iba cerrando en sí misma. Un "quiero y no puedo", un "puedo y no quiero"...

Le nació un retoño y ni siquiera era capaz de mantener su tallo erguido. Su sangre enferma, distribuía por su frágil cuerpo toda la amargura impensable, como si fuera una epidemia. Luchó en su propia miseria e impotencia para que el pequeño floreciera, en tierra hostil, entre demasiado dolor y demasiada lucha; con armas invisibles que también empuñaba ella misma... Cuestión de supervivencia.

A veces certera, a veces errada... seguía extendiendo sus hojas al cielo, esperado la lluvia temprana y tardía. Nunca llovió.
Se imaginaba mil veces abriendo sus ventanas, traspasando los barrotes, y la incongruencia de aquella soledad avanzada. Y mientras hacía cambios en su celda, lloraba en silencio y operaba. Tantas cosas que se fueron de las manos. Se equivocó y mucho. Y el pago por ello lo hicieron eterno e incalculable. Lo perdió todo. Todo, y no remontaba.
Por fuera, quería recuperar sus sueños, por dentro, no recordaba ninguno. Pero ella vivía como si en algún instante de sus horas algo despertara su ambición por desear algo que realmente valiera la pena el riesgo de volver a soñar. En lugar de vida, encontraba muerte, y la llegó a desear...

Ella dicen que es preciosa, pero se miraba a sí misma y se desencantaba. En el abismo de sus ojos se perdió la luz que alumbraba el alma. Lo arrastró por años. Solo veía tinieblas, pero allá fuera decían que era de día.
Su pensamiento era tan nublado e incierto, que ya no sabía si lo que veía era real, o se inventaba lo que percibía. Su realidad era dudosa, y su mente pura llaga. Y en uno de los envites, cuando el dolor de su alma se hizo asfalto, su fe estába muerta por días y hasta respirar dolía  profundamente, pidió perdón al cielo y decidió desprenderse... pero su eternidad le arraigaba al suelo. Y no encontró consuelo...

No se reconocía así misma, aparentaba normalidad, pero cada noche, en silencio, lloraba intentando recordar quién era ella... Pero cómo abrir su boca! Nada sabía, nada entendía, nada podía retener... su pasado se difuminaba y vivía sobre un suelo que borraba su propio camino. Como sí se tratase de memoria llena, de falta de espacio, se ahogaba en el más profundo abismo. Atrás nada, delante nada... el presente no contaba con luz, ni sentido. Estaba excluida.

Pero:
Una mañana, "Socorro viene de lo Alto", no fue como viento fresco, ni sombra que alivia, ni como abrigo en la ventisca, ni bálsamo cuando agonizas... más bien fue para ella un simple auxilio concluyente a su trayectoria ya no sostenible y enfermiza. "Le aplicaron oxígeno, cuando ya no reaccionaba"... El cristal no siente más que frío o calor, lo más que decide es quebrase o permanecer. Y permaneció, siempre lo hacía una vez más.
Llegó, ella llegó al límite, y el Cielo lo sabía; le daba igual si aprobada o no, si como oro o como barro, pero el Dios a quién clamando se quedó sin voz, permitió concluir, y muchos descansaron con ella.

Y comenzó una nueva etapa, y hasta cambió de jardín. Volvió a sentir la luz, no solo en su rostro, no solo en su alma, sino que volvió a mirar limpio y trasmitir esperanza. Llegaron los colores, y el cielo de bronce dejó su rudeza y empeño. No estaba exenta de calumnias, ni de miseria, ni de desamor, ni de ocupaciones, ni de falta de sentido, pero era más fuerte. Vivía de prestado en el lugar donde comenzaron sus días, y vivía aferrada de nuevo a ser descubierta como si alguien la volviera a ver como la vez primera. Poseía sobre sí los más grandes infortunios, pero también las mejores lecciones de la escuela que ofrecía aquel jardín... aprendió a vivir con los medios que tenía, y protegía las provisiones que llegaban como regalo del Cielo.

Fue sanando sus heridas, cambiando actitudes, enfocando su visión, comprendiendo algunas verdades, recalculando su ruta, deshaciéndose del estorbo y añadiendo fuerza y gracia. Y no lo hizo sola. Absorbió cada cosa recibida y que puso por escrito, recuperó su pasado, su memoria y adelantó sus años hasta su oportuna primavera. Y llegó a sus cuarenta, viva, agradecida, con vida, con luz en sus ojos, sonriendo, floreciendo, con sueños y sin prisas. Cada lágrima acabó siendo gotas de cristal, y ella se convirtió en más y mejor vaso frágil, más mujer. Cada una de ellas cuentan su historia, y cada risa se contó por diez. 

Disfrutó de cada amanecer, de su familia, y de aquellos amigos que se volvieron imprescindibles para su vida. Podía mirar al futuro, que aunque era incierto, cada vez estaba más lleno de esperanza y no temía visitarlo.
Las puertas de su alma estaban custodiadas por ángeles que paraban cada envite y eso le hacía sentirse segura y en paz.
Analizaba para ella cada cosa vivida, podía mirar atrás y no sentir el dolor que antes había paralizado su presente. Había perdonado, había sido perdonada, había remontado, había extendido sus pétalos... Miraba al frente.
Aprendió y desaprendió, y con ello reconoció cuántos errores había cometido, cuántos parámetros no fueron certeros y celebró cada una de sus batallas ganadas... 
Sonreía, y esta vez era sincera, cantaba, y también no había doblez en ella, no peleaba con sus letras, no levantaba su puño al cielo, ni lloraba entre estrofa y el coro... Sólo disfrutaba de vivir, de estar viva, de estar cuerda, de estar apegada a su Amado, al que aun aguarda con desespero en su ventana.
Vive con su alegría en casa, él llena sus días de sentido y propósito eterno.  Se siente orgullosa y espera Su tiempo. Comprueba cada día que Él es fiel en la vida de ambos y ha sido realmente Bueno. Todo ha servido, todo está sirviendo, todo seguirá siendo difícil, pero pleno. Todo va a ir bien.
Conoció un Dios distinto, uno que no estaba hecho para ella, uno que no estaba cortado a su medida, y descubrió que era mucho más grande e infinito de lo que su mente podía llegar a entender, y quiso hacerse a Él. Un Dios que Se escapaba y se dejaba atrapar, tan previsible como sorprendente, un Dios que borró todo lo que ella escribió en su alma, sus conceptos, sus pareceres, su opinión sobre Él y la vida, y Él decidió explicarle algunas cosas certeras... Lo cambió todo. Descubrió un Dios diferente, Él era el mismo y ella había cambiado, aunque aun estuviera tan metida para dentro. 

Entendió sus tiempos, abrazó Sus tiempos, y analizó lo escrito, y vió reflejada en su historia cada una de Sus palabras. Estaba convencida de Su bondad y gracia, y que no la había descuidado en ningún momento, Sus ojos siguen clavados en ella como el primer día y ella no puede dejar de mirarle ... No pudo huir cuando quiso hacerlo, y ahora no quería huir aunque pudiera hacerlo...

Y allá va, camino del futuro, con su petate y un arrojo interesante. Habiendo dejado en el reciente camino, a aquello que le devolvió el aliento de nuevo, y fue tan feliz a pesar de todo que casi muere de sobredosis de vida. Nadie muere de amor, pero ella estuvo a punto de hacerlo. Ya entera y más tenaz, enfrenta el porvenir sin miedo, más clara, menos ingenua y con la dignidad que perdió al mendigar el rojo amor... Sabe que el Altísimo está por encima, que ha visto, y que ve, y confía en que tendrá cosas mejores. 

Hoy, cumple cuarenta inviernos, y no sé cómo se la ve por fuera, pero lo que sí sabe, es que ella se ve cada vez más sanada, más entera y más preciosa. Y es el toque del Maestro, el trato de Su mano misericordiosa, sus cuidados tras sus caídas, sus abrazos restauradores, sus regaños que enseñan lecciones de vida, sus sonrisas que alegran el día y su esmero en completarla, lo que hace que esa flor, ya no quede sumida en la triste oscuridad de la noche, sino que brille a pesar de todo... Dicen que "hasta la hora más oscura, sólo tiene 60 minutos", y es cierto. Quizás hayan cambiado las cosas, o quizás ella esté cambiando lentamente, pero al caer la noche, ella no llora, ella brilla... ¿no te parece tal cristal?



 Dedicado a ti, Jesús, que conoces bien mi historia, y a quien dediqué en 20 años, cada cumpleaños a escribirte un agónico ", 21, 28,... 39 años, Jesús, nunca mereció la pena vivir tanto".
Hoy quiero agradecerte el enorme privilegio de poder vivir. Y que sigas aquí. Nunca podré agradecerte las cosas que me has enseñado y revelado, tu paciencia, tus lágrimas, tu ánimo, tus palabras, tu confianza y tu ejemplo.  Nunca podré devolverte el regalo de VIDA tan sublime por el que me mantuviste con vida, anclada a este suelo: Josué. 
Tú, Jesús, eres ese Hombre al que toda mujer busca desesperadamente reflejado en el hombre. Supongo que después de conocerte, nadie es tan concluyente como Tú, aunque alguno lo pudo parecer...
Tengo un año más para amarte, y el resto de la eternidad por delante.
Me conquistaste, y aferrada a ti, continúo mis días.
Hoy, puedo decir: "Cuatro décadas, Jesús, merece la pena vivir tanto..." ツ  GRACIAS. Siempre Tuya.

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