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lunes, 17 de noviembre de 2014

No hay nada como ir a casa y equivocarte de tren... #lost


Me propuse ir de celebración con mi hijo, y celebrar su cumpleaños, así que, le extendí una invitación para  comer juntos y aceptó. Me dispuse recogerle en casa y me dirigí a la estación de tren después de trabajar. 
No suelo hacerlo, normalmente voy en autobus o en coche, y he de decir que no es tan complicado como yo hice que resultara.
Esperé el tren, divisé el R4, y lo vi venir entrando en la estación. Se abrieron las puertas del tren y no cabía ni una alfiler, eso me extrañó, pero como tenía mucha prisa, no lo pensé y me subí casi empujando a la gente con tal de no quedarme en el andén.
No había dónde agarrarse, entre todas las personas que intentaban permanecer de pie, observé a una mujer tambaleándose en su poco espacio por el traqueteo del viaje. Desde luego que era algo inseguro para una mujer mayor, así que le cedí mi posición, que era contra la puerta, pero al menos seguro para ella, y yo me situé, en su lugar. Ahora, la que iba realmente insegura era yo, pero no hubiera podido ver su apuro y mirar hacia otro lado.

No sé cómo, por intentar agarrarme a algo, nos movimos todos unos centímetros, seguro que fueron mínimos, porque no había más posibilidad de movimiento. Y No sé qué pudo suceder en menos de 5 segundos, pero yo dejé de visualizar el poco paisaje que veía. Estaba envuelta y apretada entre tantas personas, que comencé a agobiarme un poco. Todo el mundo hablaba, eran estudiantes, y el vagón rebosaba de risas y conversaciones mil. Yo no veía, ni escuchaba las paradas en megafonía, así que no me dí cuenta de lo que estaba a punto de vivir.

En la próxima parada se bajaron bastantes personas, y el tren se alivió. Con él, yo. Se cerraron las puertas, y yo me posicioné en la puerta, aun no había donde sentarse. De pronto me di cuenta que no reconocía lo que asomaba al otro lado del cristal, no sabía dónde estaba, pero estaba claro que me había equivocado de tren y de trayecto, y eso no era fácil de digerir.
Me bajé con urgencia en la siguiente parada, para retroceder el camino andado, mal andado. Tuve que visualizar en mi mente dónde estuvo el error, y el punto exacto donde debía retomar el trayecto, y así volverme a enfocar en el camino correcto. Y eso hice. Me tragué mi orgullo y mi rabia, y mi hambre, la cual era mucha a esas horas y llegué a casa.



No voy a dar el sermón del siglo, ni siquiera diré eso de: "Moraleja:" ...tan sólo quiero decir, que el siguiente tramo a casa me dio suficiente tiempo para pensar en qué podía sacar de todo esto... Decidí no desesperarme por tan mal acierto, y Dios comenzó a hablar a mi corazón. No soy tan ignorante como para no saber que esta lección ya la sabía como mera teoría, pero tuve que ponerla en práctica, en el momento menos oportuno para mí. Aprendí la cosa más básica del manual del viajero. Supe que sólo los que retroceden y retoman el camino llegan a su destino. Los demás, ven paisajes y conocen gente, pero viven entretenidos, dando muchas vueltas por la vida, alejados de su propósito y cometido. 
Solo aquellos que se tragan su orgullo y su rabia reconocen que se han equivocado. Pero sólo los que rectifican, crecen, avanzan y lo más importante, llegan.

Yo no voy por la vida de turista, yo tengo un llamado y un destino. Es vital recalcular, así como el GPS soluciona tu forma errada de gestionar su ruta trazada. Sí, recalcular, es de sabios.

Una cosa más: La vida no es una novela, no importa cómo la cuentes. No te entretengas insensatamente. No sé si me hago entender.
Y ...Ya!... sean felices! 

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