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martes, 23 de septiembre de 2014

Trasplántate más allá...

Mis raíces me dan un pasado, y conocerlas me hará conocerme a mí misma. Pero NUNCA DEBO DEJAR que mis raíces me impidan caminar. Entenderlas sabiamente me hará descubrirme, pues de ellas nací, pero nunca debo permitir, que al crecer, me definan, me atrapen de tal modo que nunca aprenda, que nunca progrese, que nunca avance, que nunca vea con mis propios ojos o piense con mi propia mente.

Hay un momento, en el que cada persona, se arranca de sí mismo conceptos personales, fortalezas familiares, tradiciones eclesiales, prejuicios y prohibiciones humanas, y lucha en una batalla encarnizada, para discernir lo adquirido, para valorar lo bueno y lo malo; y lo que es optimo, pero aun así,no es lo que Dios tiene para ti.
Hay un momento en el camino para decidir qué quiero hacer mío y traspasarlo a mi pequeña generación, y qué no quiero arraigar a mi historia. Me permito decirme a mí misma que, eso, no se puede hacer sin sabiduría de lo alto, ni visión espiritual de mis propios tiempos.

Así pues, entiendo que debo vislumbrar aquello que nunca me permitiría moverme de mi sitio, de los patrones establecidos, de las herencias adquiridas y que pueden ponerme limitaciones para desarrollarme como individuo... Debo conocer cada día el plan de Dios para mi vida y batallar por él.


La vida, los días, cada minuto me enseña a decidir cómo quiero ser y cómo voy a progresar.
Si me quedo inmóvil en mis raíces, nunca llegaré a ningún sitio, lo más, llegaría al mismo lugar que mis padres, pero no a territorios nuevos, a mi lugar, sin perder de vista, mi historia y sus lecciones de vida.

Dios quiere llevar  a cada generación a alcanzar sus propias cimas, a mover sus propias montañas, a caminar por sus propios mares, a librar sus propias batallas, a escuchar a Dios personalmente, a ser portadores de Su presencia y ser agentes de cambio.
"Trasplántate más allá", ese es el concepto... Ir más allá, a la tierra prometida que Dios habló conmigo, e impulsar a mi hijo, (a la siguiente generación), a caminar en pos de aquéllas cosas en los que él está incluido, y que tendrá que aceptar como suyas propias, pero enfocarle a entender que mis pactos con Dios, no son sus pactos con Él.. Que él mismo tendrá su propia historia con Dios y Su revelación generacional. 


El destino final es la eternidad, ese es el punto donde todos nos volveremos a encontrar. Y ese es el énfasis inamovible que cada generación debe enseñar, sin negociar.
Lo demás, son cartas que barajamos con mayor o menor acierto, en función de nuestra dependencia y relación con Dios. 
Los principios no son discutibles, los medios y los tiempos pertenecen a la revelación generacional. Y para bien o para mal, cada uno escribe su propio libro, su propia historia, dejando abierto, con acierto o desatino, el siguiente libro de la saga...

 "La comunión íntima de Jehová es con los que le temen,
Y a ellos hará conocer su pacto.  (Salmos 25:14)

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