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lunes, 10 de marzo de 2014

Querido Gorgojo: te voy a levantar un monumento!

En el libro de Ester, en la Biblia, vemos que a pesar de que todo indicaba un final desastroso y terrible para el pueblo judío, finalmente Dios cambia el curso de los acontecimientos, y sucede un desenlace feliz y justo. El pueblo judío instauró a partir de ahí, la fiesta del PURIM, que significa “suertes”. Aquello que iba a ser muerte, se transforma en esperanza de vida del futuro. Precisamente el pasado, se convierte en el motivo de celebración y no de tristeza.
Hay una historia que ilustra un poco la esencia de este “PURIM”. En un pueblecito de Alabama, cuyo principal medio de vida era el cultivo de algodón, llegó un año en que parecía que la cosecha iba a batir un récord, hasta que el gorgojo invadió la cosecha, destruyendo la economía de esa pequeña población.
Los habitantes del pueblecito, ingeniaron alternativas, uno de ellos decidió cultivar maní en lugar de algodón, ya que los gorgojos no atacaban el maní. Muchos otros decidieron plantar otro tipo de cultivos, y al poco tiempo, grandes cosechas de maní y otros productos hicieron posible reponer la economía del pueblo. Lo interesante es que le hicieron en mitad del pueblo, un monumento al gorgojo y festejaron anualmente el tiempo de la cosecha, recordando que ese gran desastre, se convirtió en la clave de la esperanza de su futuro.

Considero que parte de nuestro crecimiento y sanidad, pasa por ser capaces de detectar los momentos o acontecimientos claves de nuestra vida, que supusieron nuestro gorgojo. Es necesario construir monumentos allí donde antes lloramos, donde nuestras vidas fueron heridas, y nuestros corazones entristecidos. En vez de quedarnos lamentándonos por aquello que nos lastimó, LEVANTEMOS UN MONUMENTO! CELEBREMOS UNA FIESTA!
“Los judíos que vivían en las otras provincias se reunieron el día trece del mismo mes, para defender sus vidas y deshacerse de sus enemigos; mataron a setenta y cinco mil de ellos, pero no tocaron sus bienes. El día catorce descansaron, y lo celebraron con banquetes y alegría.
Como los judíos de Susa se habían concentrado los días trece y catorce, descansaron el día quince, celebrándolo también con banquetes y alegría. Por su parte, los judíos que viven en pueblos y aldeas no amuralladas celebran el día catorce del mes de Adar con alegría y fiestas, y unos a otros se hacen regalos.”

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