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martes, 11 de febrero de 2014

“Ayúdame Obi-wan Kenobi, eres nuestra única esperanza”

“Ayúdame Obi-wan Kenobi, eres nuestra única esperanza”

 
<em> “Ayúdame Obi-wan Kenobi, eres nuestra única esperanza”</em>
 
Alex Sampedro
06 DE FEBRERO DE 2014
Jesús está en todas partes, Él es el Señor de todo. Y esa es nuestra única base segura para la misión.

 Y acercándose Jesús, les habló, diciendo:  Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra.Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el findel mundo. Mateo 28:18-20

Demonizar la cultura nos ha alejado de ella. Juzgarla como algo contra Dios y sin remedio ha sido y sigue siendo un error. No ver a Cristo detrás de la historia y los movimientos es quitarle algo de su Gloria.

Seguimos colando el mosquito y tragando el camello.

Pareciera que en nuestro manual la primera orden es estar en contra de todo, modo “destroyer”. Lo hicimos cuando los bárbaros, lo perfeccionamos cuando llegamos a las Américas, y los seguimos haciendo hoy cuando aparece el cine, Internet, los Djs, nuevas formas de vestir, la ciencia, las artes, las manifestaciones en la calle, la creatividad, los extranjeros, el 3D, las nuevas ideas, los monólogos, los mundos de fantasía, la tecnología, las nuevas metáforas para explicarLe, los juguetes, los bailes, las comidas y bebidas, las festividades, los instrumentos, los pendientes, la música que no entendemos, los dibujos animados, los oficios, las redes sociales, la informalidad, la modernidad y la postmodernidad, mi café con Baileys, la naturaleza que habla de Él, las etnias que emigran, el refranero popular, el purito de CS Lewis, el sentido del humor, los hobbits, las tribus urbanas, los ritmosasincopados, las universidades, las espadas Jedi, cualquier biblia en formato que no sea sagrado papel, los huracanes, las series de televisión, mis juegos de mesa, el ipad… Sin olvidar el anticristo de turno que suele ser un presidente importante, un magnate guapete, uno de los personajes de dragonball o, en su defecto, un microchip maligno o el código de barras de mis cereales.

A todo le hacemos la cruz, que interesante, y olvidamos cómo se acercaba Jesús.Él siempre lo hacía con un plan llamado “reconciliación” (Siempre me ha gustado más que restauración, aunque éste último está más de moda, reconciliar me suena más relacional, para gustos colores). Abrazaba la cultura como venía, tal cual, y luego se preocupaba de vestirla y limpiarla con amor. Las culturas pródigas necesitan al padre que las vio nacer para sentirse aceptadas a pesar de los errores que hayan podido cometer.

Y que entren a la fiesta que Dios tiene preparada para todas las etnias en su casa.

Pero nosotros somos más del club del hermano mayor. No queremos abrazar, queremos juzgar. La culpa es de la cultura, se alejó de Dios, merece ser castigada… Si ella entra en la casa, nosotros no.

Y mientras tanto colamos nuestros camellos particulares de hermano mayor. El orgullo que nos hace débiles, el abuso de poder por parte de aquellos que deberían cuidar el rebaño, el juicio interpersonal para ponernos por encima los unos de los otros, la falta de amor por el necesitado, la ceguera ante la injusticia social a nuestro alrededor, fomentar la pobreza a través del consumo injusto, amar el dinero, sentirse autosuficiente ante Dios y merecedor de sus atenciones, hacer largas oraciones como excusa para vivir en nuestros intereses, la idolatría hacia aquellos referentes que están puestos solo para servir, no para ser intermediarios entro nosotros y Él; usar el nombre de Dios en vano para excusar nuestras cruzadas en cualquier campo.

Vivir en la hipocresía de la perfección e infravalorar el ser transparente y vulnerable. Predicar un puritanismo sexual y demonizar la sexualidad creando sentimientos de culpa difíciles de superar en lugar de promover el sexo lícito como imagen de los misterios de Dios y disfrutarlo de lleno. Ponernos títulos absurdos para realizar cualquier función dentro de la iglesia con tal de subir nuestra autoestima al precio que sea y habiendo empezado en el espíritu terminar en la carne del legalismo y la religión. Volver a escalonar los pecados, tratando a algunos de veniales mientras otros son mortales dependiendo de la época en la que vivamos. Fomentar la antiintelectualidad como recurso apologético, el “Dios me ha dicho” y otras perlas.

Y que continúe la fiesta de nuestras vanidades mientras el hijo pródigo sigue en el fango de un planeta olvidado de las manos de Dios, olvidando que nosotros somos sus manos.

Ya basta. Es hora de los cristianos de sentido común, el menos común de los sentidos.

“Ayúdame Señor Jesús, eres nuestra única esperanza”

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