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martes, 27 de agosto de 2013

El caso es llorar...

Yo lloro por Miley


Recogiendo un sándwich en el día de hoy, vi un reportaje en CNN acerca de la presentación de Miley Cyrus en los premios VMA. Estaba impactado, luego enfermé y entristecí.


Por el resto del día, me preguntaba:
¿Qué tipo de personas somos?
¿Qué tipo de cultura hemos creado?
¿Qué queremos que sean nuestros hijos?
No más preguntas. Esta noche, lloro.
Lloro por la pequeña niña que nos dio a Hannah Montana y se convirtió en un modelo a seguir para millones de niñas en toda América.
Lloro por la pérdida de una niña que no se ve a ella misma tropezar alrededor de la oscuridad.
Lloro por los canales de noticias que se benefician todo el día con la cobertura de una joven mujer sacudiéndose fuera de control.

Lloro por la cultura de ídolo Americano que promete brillo y oro a niños, luego los mastica y escupe sobre ellos.

Lloro por una cultura de entretenimiento que celebra la ruptura de todo taboo social y toda restricción, solo para darse la vuelta y burlarse de las estrellas que sigan su ejemplo.
Lloro por una cultura sensacionalista que encuentra el chisme y momentos embarazosos de una celebridad como una motivación.
Lloro por la esclavitud de la mujer mediante una visión falsa de la liberación sexual.
Lloro por los hombres (me incluyo) quienes han fallado al no decir “Basta”
Lloro por las veces que he visto a una mujer como objeto y he fallado al no verlas como hermanas e hijas de alguien.
Lloro por los padres de Miley Cyrus, Katy Perry, Lady Gaga, Madonna y todos los miembros de la familia de todas las demás mujeres que sienten que tienen que convertirse en un símbolo sexual para alcanzar éxito.
Lloro por mi pequeña niña de 5 años, que gira alrededor como una princesa, me abraza fuerte en la noche, cuando pienso en el mundo en que ella está creciendo, el mundo en el que la enviaré.
Lloro por el mundo quebrado y sucio en que estamos viviendo.
Pero luego lloro en el poder de la gracia.
Hay un  Jesús, levantando la cabeza de una mujer de la noche y enviándola hacia la luz. Hay un Jesús en  la muchedumbre, sanando una mujer desesperada tratando de cubrir su vergüenza. Hay un Jesús en el pozo, transformando una mujer abandonada por múltiples hombres.
Llorar no es suficiente. Ahora, yo oro.
Trevin Wax

Traducido y adaptado por cristianosaldia.net
Fuente: thegospelcoalition.org 

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