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martes, 23 de julio de 2013

Intencionadamente...


Lo único que recuerdo con alevosía, es aquella noche... en el que a Dios se le olvidó advertirle que si sonreía me enamoraba; y llegó a invadirme de nervios, pero no de esos del cuerpo humano; sino de los que son más indispensables para vivir. 

Esos nervios provocados por mariposas dichosas, que no parecen ser en ese momento nada metafóricas en la barriga... Nervios que te sacuden con fervor las rodillas y te esparcen purpurina en la mirada. Esos que sólo un caballero logrará producir, sólo uno, ninguno más. 
Por eso, aquel día, mientras me abrazaba y se despedía, recuerdo con alevosía, que cuando nos soltamos, me declaré adicta algo inexistente.

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