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lunes, 7 de enero de 2008

Nostálgica navidad...

He salido de viaje, rumbo a Barcelona, con tantas preguntas como expectativas... estas fechas son muy significativas para mí, incluso aún más viviendo tan lejos.... siempre he vivido estas fiestas llenas de encanto e ilusión, desde mi niñez, rodeada de la gente que quiero, regalos y música.
Recuerdo cada año, ese árbol que no cabía de lo grande que era, y entre sus ramas los regalos y adornos, su base rodeada de enormes y pequeños paquetes, con simples detalles de amor y esfuerzo económico...
Después de cenar todos juntos, alrededor de papá y mamá, y de aquel enorme árbol con su punta doblada, llegaba el gran momento... éramos muchos, y cada año parecía haber uno más.
Mi hermana cantaba los nombres y repartía poco a poco a cada uno de los “diecimuchos” que aún somos.
Al final de la noche, en medio del comedor, había una gran montaña de papel de regalo, algún juguete ya roto, y niños jugando entre las muchas canciones alrededor de una guitarra...

Yo miraba siempre, porque observadora soy un rato, que mi gente era muy diferente la una de la otra, yo misma vivía sus diferencias cada día, gente llena de talento sencillo, de un encanto sobrenatural, y un sin fin de dones brutales, llena de experiencias que al oírles hablar se notaba su caminar diario con el Señor..yo me sentía pequeña, y cobijada, segura y admirada, yo aprendía la importancia de estar juntos, de servir juntos, de disfrutar juntos, de reír juntos y creo haberme sentido la niña más feliz, la adolescente, joven y mujer más feliz, por tener a los míos, sus diferencias y circunstancias, alrededor de papá y mamá, juntos, como familia.
Ni los regalos, ni la magia de esos días son comparables con el valor de cada uno de ellos para mí... creo que ellos jamás llegarán a saber cómo y cuánto les amo, y la falta que me hacen cada día... cada uno de ellos.
el tiempo pasa realmente rápido, nos hace más viejos, más resultones, y más necios a la vez... y para ser un ratico hemos perdido demasiadas cosas.
Este año tampoco ha habido regalos, ni árbol de navidad, y francamente, no me importa.
Tampoco estuvo papá, ya que dejó de sufrir, y partió con el Señor... pero le echo enormemente de menos...
Los chicos cada día están más grandes, y lo cierto es que... los disfruto aún mucho más, aunque me atragante soplando con el barquillo de chocolate...
Quizás, Dios, nos regale un día, en ese árbol que ya no ponemos, un saquito de amor con un lacito rojo, un cojín de perdón con encajes dorados, o una bola de olvido, con rampa y todo, para impulsarnos a volver a empezar de nuevo.
Tal vez nos regale un frasquito de la sangre de Su Hijo, para recordarnos lo que le costó darnos un doble y único apellido... y seguro que no falta una partitura nueva, para que pudiéramos cantar juntos, sin solistas, ni payaserías, sino con pasión y sencillez una misma melodía...
... Tal vez nos regale una cajita de realismo, y humildad, para tratarnos todos sin preferencias y a todos por igual... y por último, en una gran caja dorada una muestra de lo que es tener un mismo cuerpo, un mismo espíritu, un solo Señor, una fe, un bautismo, un mismo Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos...
...Mi pregunta es si los hijos venideros viviran la unidad, la paz, el gozo, y la satisfacción que produce el no tener regalos, pero ser familia... también en navidad...

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Creo que nadie mejor que Josué para saber lo que digo....El por qué de este escrito, es que Josué tenía que hacer para el cole una redacción sobre navidad.... a la misma vez hicimos una cada uno, y bien.... esta fue la mía.... transparente, no por ello sin falta de amor y nostalgia.

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